apague su tv Vol. 3 | jack boner and the rebellion


Nunca me he sentido cómodo con los poemas que incluían la palabra verga. No importa la acepción (polla, nabo, carajo, nastro, etc.) siempre he sospechado que usar esta palabra es una manera fácil de escandalizar para ocultar cierta falta de talento. Con el tiempo, además, lo soez se ha vuelto un lugar común de lo independiente. Como si para salir del redil bastase con mencionar alguna versión puberta de caca, pedo o culo. Hasta ahora, aparte de una adolescencia Bukowskiana, todos los ejemplos reafirmaban esta idea; hasta que el pasado jueves fui a la presentación del poemario jack boner and the rebellion de José Eugenio Sánchez.

Hace dos semanas no tenía la más remota idea de quien era (gracias Marisol ;). Hoy lo poco que les puedo decir de él es que este tipo lleva años haciendo lo que le da la gana, es decir: lo que le sale de la Verga.

Los poemas de José Eugenio se desarrollan en un mundo interior situado en un punto intermedio entre el EE.UU. de la primera mitad del siglo XX y la calle de cualquier ciudad actual, pasando por los barrios bajos de marte y tabloides de periódico. Se trata de un mundo crudo. Donde no hay verdades a medias. Dónde las cosas se hacen y se dicen directamente. Donde la alegoría, mantenida en el tiempo, no deja resquicio a la ingenuidad.

En este mundo, lenguas, coños, dedos, vergas y bocas encajan sin escandalo: como si no pudiera ser otra manera; pero, nunca de manera gratuita: siempre hay que pagar un precio ya sean 45 centavos o el costo de la infidelidad. Los personajes pagan y cobran estos precios con tal naturalidad que escribir los versos de manera distinta los haría parecer falsos.

 

Por si esto no fuera suficiente, este tipo los recita en público. ¡y con música! En su presentación del pasado jueves en la taberna Capote, Mauro Muñoz acompañó, con su guitarra y muchos sintetizadores los versos de José Eugenio. Se llevan tan bien estos dos que llegó un punto en que ya no sabíamos quien acompañaba a quien.

Para no hacer el chiste largo. Me sigo sintiendo incómodo con los poemas que incluyen la palabra verga; pero, si alguien me la va a mentar mejor que lo haga tan bien como José Eugenio. 


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