¿y yo qué puedo hacer?

¿y yo qué puedo hacer?

Texto: José Campanari

Ilustración: Jesús Cisneros

OQO editorial

40 págs. | cartoné | 25x23 cm

El señor X es una persona normal, con una existencia normal, que vive entre la preocupación y la impotencia que le producen los titulares de los periódicos. Una impotencia mantiene una pregunta en la punta de su lengua. Un día, casi por casualidad o tal vez por pura rabia, el señor X abre el balcón y deja escapar al viento su pregunta: ¿y yo qué puedo hacer?

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¡Ñam!

¡Ñam!

Texto e ilustración:  *Puño [David Peña]

Ediciones SM
2009
32 páginas | 24x33 cm | pasta dura

 

Al avanzar la mañana, todos se rindieron ante la evidencia: un monstruo gigantesco se dirigía a la ciudad. El monstruo, como es de entender, no viene con buenas intenciones: tiene el firme propósito de destruir la ciudad y devorar a todos sus habitantes. Ni el alcalde, ni la policía, ni siquiera una turba de ciudadanos podrán hacerlo entrar en razón; El monstruo se los comerá a todos. Solo una pequeña niña podrá detenerlo. La niña, de enormes ojos, se lo llevará de vuelta a casa, sin darle opciones, con una clara advertencia: ¡que no se te ocurra escaparte de nuevo sin permiso!

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¡Demasiado Tímida!

Texto: Christine Naumann-Villemin

Ilustración: Marianne Barcilon

Editorial: Panamericana

32 pág.

 

Léa es una niña tímida. Le encantaría hacer cientos de cosas: avisar a la profesora que necesita ir al baño, enseñarle a los demás niños el baile de la mariposa, como puede hacer burbujas con la nariz o sombras de conejo las manos; también le gustaría ser alocada en el patio o pedirle a Nelson que sea su novio; pero, siempre pasa lo mismo: Léa es ¡demasiado tímida!

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La cabeza en la bolsa

La cabeza en una bolsa

Marjorie Pourchet

FCE

28 pág. | 28 x 22 cm | álbum ilustrado.

Adela es una mujer tímida. Tan, tan tímida que solo se atreve a salir con la cabeza metida en su bolsa de mano. Así, va cada mañana al trabajo: desde dentro de su bolsa oye el paso de otros transeúntes, imagina que son damas distinguidas y gerentes con prisa; así, desde dentro de su bolsa, escucha el cua-cua de los patitos de plástico y retira los que no están afinados. Solo se da un gusto: sale los días que hay más viento para que aire inunde su bolsa. Siempre así, imaginando, sin ver, lo que ocurre a su alrededor. Adela solo le tiene miedo a una cosa: el silencio.

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