Tres razones por las que no puede comprarse un cambio de cultura

La mayor parte de los proyectos de gestión del cambio que nos llegan provienen de los líderes de una organización. Ellos nos llaman (gracias por confiar en nosotros ;) y te dicen tenemos un problema y queremos cambiar nuestra cultura. Casi siempre, te cuentan los nuevos nuevos procesos han diseñado o los proyectos que quieren implementar. Luego empiezan a hablar en general, diciendo cosas como: la organización tiene que entrar en siglo XXI, la nueva cultura de innovación es beneficiosa para todos, la organización debe ser dinámica, creativa, innovadora etc. Como si no fuera con ellos, o como si ellos no formasen parte de esa organización. En la práctica supone esperar que mágicamente las personas adopten la nueva cultura o peor cambien los demás. A continuación te doy tres razones por las que no puedes comparar el cambio sin más.

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transformativa

Tb.trasformativo.

1. adj. Que tiene virtud o fuerza para transformar.

Decir que la educación transforma a las personas y las sociedades resulta casi manido. Desde que la escuela aceptó el reto lanzado por la modernidad hasta nuestros días, la educación ha sido el motor de la transformación de la sociedad. Sería muy extenso entrar a valorar los éxitos a la hora de enfrentar este reto. Tampoco quisiera entrar debates filosóficos acerca de la superación del programa moderno y, en consecuencia, de la  post modernidad, sobre modernidad o trans modernidad (esta última me encanta por razones obvias) etc. Pero lo que es un hecho constatable es que en los últimos 150 años el mundo se ha transformado ¡varias veces! ¿y la educación? tengo la sospecha de que sigue exactamente igual, y claro de aquí la otra pregunta ¿necesita transformarse la educación? ¿no podemos, simplemente, seguir igual?

 

El problema de la educación tradicional es que ha funcionado y funciona muy bien para lograr sus objetivos: enseñar a dividir por dos cifras, los nombres ríos del mundo, el año de la revolución francesa, el peso atómico del electrón etc. Mientras aprendíamos esos datos, se configuraba nuestro cerebro; en la escuela, aprendimos lógica, aprendimos a investigar, aprendimos a memorizar y a conceptualizar. Pero también aprendimos a estar sentados, aprendimos una escala de valores, aprendimos el liderazgo de jerarquía, en otras palabras: aprendimos a movernos y comportarnos en el módelo de fábrica en el que trabajaríamos luego. Esto no se enseñaba en ninguna materia, es lo que Cristóbal Cobo llama, el aprendizaje invisible (libro que recomiendo mucho). El modelo funciona y ha funcionado los últimos 150 años. No pongo esto en cuestión; la pregunta es: ¿seguimos necesitando que nos eduquen para trabajar en fábricas? 

El mundo ya ha cambiado. Hoy se espera de nosotros que en lugar de estar sentados 8 ó 10 horas realizando la tarea que se nos pidió, que seamos proactivos, resolutivos y creativos, que tomemos decisiones y que nos  implicamos más allá de la tarea asignada. La escuela tradicional no está diseñada para potenciar ninguna de estas competencias. No se puede meter una materia de creatividad y otra de innovación y esperar a que los alumnos abandonen, los jueves de 11 a 13 horas, las estructuras de fábrica y sean creativos, todos a la vez sobre el mismo tema. Siempre manteniendo el ambiente de silencio y orden propio de una clase.

Sin duda seguimos necesitando, la lógica, el pensamiento crítico y el científico; sin duda, aún debemos saber dividir por dos, las partes de la célula y el año del flourit de anaximandro, sin embargo, memorizar estar callados y seguir indicaciones ya no nos sirve. La transformación que necesitamos hoy día es la de la creatividad y la innovación. 

¿Qué ocurre cuando lo que hay que transformar es la fuerza transformativa?

 La escuela pudo afrontar el reto la primera vez, será capaz de asumir este segundo reto. Estoy seguro que sí. Pero, esta vez tiene que transformarse  sí misma.